Juan de Dios cumplió 60 años de edad.
Juan de Dios Zuleta cumplió esta semana 60 años de edad. Y en su celebración hubo torta, vino y bombas de colores.
Juan de Dios es personaje pintoresco. Va siempre elegantemente vestido, limpio y con el pelo indio domado por la aguapanela. Usa pantalón con prenses, chaleco, saco y corbata. Es santuareño y es único y buen hijo de Socorrito, de quien se dice ha heredado ese aire zafado y distinto. Socorrito y Juan de Dios son una pareja inseparable y juntos asisten a cuanto evento sucede en esta parroquia.

Juan de Dios, como personaje pintoresco que es, patentiza con rasgos más acentuados -exagerados, si se quiere- y disparatados, las virtudes y defectos que nos singularizan: nos refleja como un espejo curvo.
Respetamos a Juan de Dios y lo apreciamos. Él alegra esta vida pueblerina y su presencia anima la calle y la plaza y quiebra la monotonía del vecindario. Él lleva un estilo de vida confiado, libre a su manera, un tanto ingenuo, más cercano a la ensoñación de la infancia que al mundo casi siempre gris, calculador y aburrido de los adultos.
Brindemos por Juan Dios y deseémosle larga vida, pues su presencia nos completa.
- Hoooola, mano. ¿Cuándo vino?
Así saluda Juan de Dios al paisano recién llegado del extranjero, porque él tiene memoria de quienes se han ido. Además, él también sueña con viajar algún día de estos y por eso practica un inglés muy personal. (“Abra la uindous para que la mosca flai.” “En diciembre voy a tirar la haus por la uindous.”)
- Mano, ¿me regala un dólar de cien? ¿No? Mano, es que tengo muchas ganas de un tintico.
Y como nadie regala “un dólar de cien”, Juan de Dios recibe contento las monedas y las agradece diciendo:
- También sirve, cerrrrto?
Y sigue calle arriba saludando a quien encuentra, menos a los muchachos de quienes recela porque lo molestan y eso lo enoja.
- Quiuubo mano! ¿cómo le va?
- Muy bien, Juan de Dios; gracias.
-También sirve, cerrrrto. Agrega Juan de Dios. Y se apura porque los toques de las campanas ya anunciaron que dejaron para la misa.
Que tengamos pues, Juan de Dios para rato.