Paisajes: Desde la orilla de la carretera hacia la vereda Planes de San Rafael.



Tierra del café; del Parque Nacional Natural Tatamá; de hermosos paisajes de cordillera; de arquitectura de la Colonización Antioqueña; de gente amable. Su territorio es parte del Paisaje Cultural Cafetero.
Algunos productores santuareños, entre ellos estudiantes de Administración de Empresas Agropecuarias de la Universidad de Santa Rosa de Cabal, retomaron el cultivo de granadilla y con prácticas ambientalmente más limpias y amistosas con la naturaleza, con controles biológicos para plagas y enfermedades, han logrado una mayor duración del cultivo y una producción más estable y sana.
Frutos verdes y flor de granadilla. Finca El Porvenir. Cultivadores: Gerardo Valencia y Jorge Alirio Espinosa.
Cultivo finca El Porvenir. Vereda Planes de San Rafael, Santuario. Cultivadores: Gerardo Valencia y Jorge Alirio Espinosa.
Informes:
Jorge Alirio Espinosa C.: Teléfono móvil: 311 321 68 99
Gerardo Valencia: Teléfono movil: 311 349 04
Estas niñas campesinas de la vereda El Brillante, ataviadas como chapoleras, participaron el pasado domingo en la celebración del Día Internacional de los Derechos de la Mujer. Hubo desfile de carrrozas, cuya alegoría principal fue el cultivo del café.
A propósito de estas tierras del occidente de la región del Viejo Caldas y de su recia topografía, decía el cronista que acompañó a Jorge Robledo, el conquistador español, que eran tan ásperas que en ellas no se podía correr un caballo. Y son territorios quebrados, de cañones profundos. Y esa es su bondad. El municipio presenta variedad de climas y por lo tanto, diversidad de flora y fauna. Y también, aguas abundantes. Y esta es una fortuna mayor. Cada vuelta del camino sorprende con un paisaje distinto y desde estas montañas tan altas y tan verdes, de aires tan limpios, la mirada se va horizonte adentro sin más fronteras que el infinito. En estas laderas se cultiva el café.
En los primeros planos: (finca La Camelia) árboles de café, vivienda típica y a su izquierda casilla con granos de café secando al sol. Planos posteriores: área urbana de Santuario. Después, tierras bajas del río Mapa. En la bruma, la cordillera oriental.
Árbol de café.
Ante el cafetal florecido, don Pedro, el campesino dueño de la plantación, exclamaba con toda la fuerza de su ruda verdad: “No recuerdo una florecida como ésta. ¡Esta cosecha será la mejor!”
Hace más de cuarenta años que don Pedro murió y murió esperando la cosecha que lo redimiera de penurias.
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Esta mañana, su hijo, plantado frente al cafetal, habló a los peones lleno de ánimo verdadero y fue como si su difunto padre hablara por él. Dijo: “¡Avemaría, qué florecida! ¡Con esta cosecha me desahogo!”
Cañón del Rio Peñas Blancas. Veredas Orofino, La Bamba, Barcinal. Al fondo, El Tatamá
En estas tierras bravas ese es el rito. Y esas son las palabras exactas que cada año pronuncian con devoción miles de campesinos ante la blanca flor del café. Y ese es el fervor y el rigor de alma con el cual se deben decir para que el cafetal perdure y no desaparezca, para que el sudor no se convierta en hiel, porque los rendimientos de las buenas cosechas son tan esquivos como el aroma mismo de la flor del café y porque ser caficultor en estos tiempos de rapaces y depredadores globales, es más un acto de fe que un oficio promisorio.
Fotografía desde la vereda El Tambo. Al fondo, Santuario.
Dios, Sumo Bienhechor y Todopoderoso, ordena lluvias y soles para que la esperanza resista siempre verde y dispone almohadas de olvido entre el ayer y el hoy para que el campesino concilie el sueño y despierte con brío renovado. Y el diablo, que es viejo y es diablo y sabe de ilusiones y encantamientos, y según dicen asesora la Organización Mundial de Comercio y al Fondo Monetario Internacional, se ríe. Y de tanto reírse, se pone rojo como grano maduro de café.
Rama de Café. (Fotografía: Fernando López.)
Al igual que don Pedro en la eternidad, sus muchos colegas campesinos siguen esperando doblados sobre el surco la cosecha que alivie la escasez. Los otros, los vestidos por Saint Laurent y Armani, los magos del mercado de valores, juegan a los dados con la suerte del caficultor y con trucos de bolsa trasmutan el sudor de los campesinos en monedas de oro que atesoran. Y ríen a carcajadas con el jefe patecabra.
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Apostilla: Esta comunidad tiene un vínculo antiguo y profundo con el árbol de café, pues vive de él. Lo que le sucede al café le sucede a la vida de las gentes. Cuando el café florece, florece también la ilusión de todos. Y cuando el verano o el mercado lo marchitan, se arruga el ánimo y crecen la incertidumbre y la angustia.
La llegada al municipio de Santuario se da por una carretera que asciende y serpentea entre los cafetales sombreados por una gran variedad de árboles, sobre cuyos troncos crecen bromelias, orquídeas silvestres, enredaderas, musgos…
En algunas mañanas la niebla torna más sugestivo el hermoso paisaje.
Y en las orillas de la vía, estos preciosos jardines de besitos que se ofrecen a la mirada del caminante atento.
El viajero es recibido por al arco triunfal de Nuestra Señora del Carmen, erigido por los transportadores en homenaje a su patrona. El arco recoge el estilo republicano y confiere un toque particular de bienvenida y un motivo inconfundible de recibo a los visitantes. Su notoriedad radica en lo inusitado del arco mismo, pues su uso no es tradicional en la región.
Bienvenido pues, a Santuario, donde siempre habrá un buen café aguardando por usted.